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El Real Madrid recobra goles y sensaciones antes de recibir al PSG

Orfeo Suárez

Al toro se le recibe con valentía, y no hay valentía sin ánimo del mismo modo que, en el fútbol, no hay ánimo sin goles. El Real Madrid los recuperó en la vigilia de la gran noche que en su horizonte es la única noche, pero no hay que olvidar que los consiguió frente a un manso, no un toro. La Real Sociedad fue tan académica como blanda. El PSG será otra cosa. El Madrid, pues, ha de celebrar las sensaciones recobradas, muy positivas, junto a la intensidad, el remate y el acierto, aunque sin euforia. Su objetivo era reconocerse e inflamarse, invocar la fe del estadio para acompañar a un equipo que más que ningún otro es un acto de fe. La necesita. [5-2: Narración y estadística]

Zidane lo quiso y lo dejó claro con la alineación. Ante el dilema de correr riesgos con alguna lesión o recuperar el ánimo, no tuvo dudas. El Madrid, en su conjunto, tiene tantas que, a corto plazo, únicamente puede dejarlas a un lado a martillazos, a goles. Ya habrá tiempo de volver sobre ellas, o no, pero eso, hoy, no importa. Importa el PSG, importa París, importa la Champions. Salvo por Casemiro y Bale, cuyos puestos los cubrieron Asensio y Lucas Vázquez, y Nacho, que sustituirá al sancionado Carvajal, el resto de los que Zidane presentó ante la Real saltarán al mismo césped el miércoles. La única duda podría ser Isco, que, dispuso de minutos en la segunda mitad. El malagueño es un jugador diferencial en un Madrid que necesita hacer diferencias, pero Zidane es Zidane. Bale partió después, para soltarse y colaboró en la jugada del gol sobrero.

La determinación no siempre encuentra fruto tan pronto, porque antes de un minuto, Cristiano encontró espacio por la izquierda y su centro lo remató Lucas Vázquez en un movimiento que enjendraba su dificultad. La acción ya mostró uno de los puntos débiles de la Real, su banda derecha, justo desde la que se impulsa Odriozola, alguien a quien muchos querían ver en el Bernabéu. Quiso desplegarse, pero no tuvo su día, como su equipo. En su banda, asimismo, dejó Asensio un detalle de clase, al variar la dirección, engañar a Odriozola y a un compañero, y dejar el balón para Marcelo. El centro del brasileño lo remató a placer Cristiano, solo en el coto privado de los centrales. Defensivamente, la Real era un drama.

Problemas en la Real

El ciclo de Eusebio está en su temporada más irregular. Dio a la Real vuelo a partir de las bases del código Cruyff, con el que encontró la plenitud como futbolista, pero en cuanto se debilitan las constantes, los problemas se acumulan, porque la precisión de sus jugadores no es la de los azulgrana. La Real insistió hasta la exasperación sacar el balón jugado desde su portero, algo que la presión alta del Madrid, más agresivo que en partidos anteriores, convirtió en un caladero de ocasiones. Ni siquiera el Barça actual insiste tanto. Todo lo que se convierte en dogma acaba mal. Marcelo robó en una de esas ocasiones para dejar en el área a Benzema, pero el francés sólo acarició la pelota camino del palo. Cristiano volvería a encontrar la madera, lo mismo que el realista Juanmi, en la única ocasión clara de la Real antes de los goles de Bautista e Illarramendi, en un segundo tiempo de descompresión del Madrid. En esta ocasión, al menos, no fue una pérdida de control, pero habría hecho bien el equipo de Zidane en no alimentar sospechas.

Al portugués, que volvió a elevarse sobre la defensa para anotar el cuarto tanto y recoger el rechace de Rulli para sumar el quinto, se le observó rápido, fresco. El hat-trick, además, debe servirle ante un duelo que le pone como pocos. La Champions es su terreno preferido, como le ocurre al Madrid. Enfrentarse a Neymar es, además, hacerlo contra un futbolista que parece señalado para sucederle como gran icono del fútbol. Lo de Messi es otra cosa: no necesita confetí. Demostrar que puede más que el brasileño es también demostrar que debe cobrar tanto o más. Todo son estímulos para Cristiano.

Asensio y Lucas Vázquez estuvieron como deben estar quienes quieren luchar por un puesto, algo que no había sucedido en oportunidades anteriores, especialmente en la Copa, con los suplentes, en general. Modric y Kroos, por su parte, se mostraron como en sus mejores días, como las dos manecillas del reloj. El alemán es uno de los futbolistas de la Liga con el golpe de balón más preciso, incluso de primera. El tercer tanto del Madrid es un ejemplo. Mata como un asesino profesional, frío, frío. El miércoles, además de su pie, el Madrid va a necesitar corazón y calor.

Fuente http://www.elmundo.es/deportes/futbol/2018/02/10/5a7f68f8268e3e99118b463e.html

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